Inertes

16/10/2018 @Mariluzsanchez

El Real Zaragoza pierde el punto de empate en los últimos minutos y suma cinco jornadas sin vencer

La semana corta del Real Zaragoza requería de una victoria en los Pajaritos para poder salir del mar de dudas en el que se ahoga el proyecto zaragocista y sin embargo el equipo salió a duras penas boqueante y dejándose arrastrar por la marea del campo soriano.

Hay que reposar lo ocurrido el pasado sábado en Soria por no deja de ser la culminación de una trayectoria de derrota e insignificancia en la que se han enredados los maños. En pretemporada se vislumbraba un equipo vivo y en evolución, con la cantera bullendo y con ausencias significativas cubiertas con ilusión y profesionalidad; los primeros partidos ajustaron piezas y dejaban ver márgenes de optimización; Oviedo fue un escaparate maravilloso en el que expuso lo que este Real Zaragoza era capaz de dar de sí. Desgraciadamente, la visita asturiana marcó un máximo y no una media.

Cinco partidos y dos puntos de quince después la maquinaria se descoyunta. Idiákez no es capaz de mover las piezas con la agilidad necesaria, ha borrado las iniciativas de pretemporada y se ha obcecado en trece únicas piezas. Ni siquiera catorce, ni siquiera usar todos los recursos que el reglamento pone a disposición. La defensa flaquea lenta con unos centrales insuficientes como son Verdasca y Perone o Grippo, según la ocasión, y unos laterales atolondrados que donde Benito clama por un relevo. Se desangra el equipo en la medular donde un Eguaras todavía en proceso de adaptación no es bastante para tapar el anquilosamiento de Zapater y Ros. Sólo Igbekeme mantiene el nivel exigido para un sistema que sólo carbura con velocidad y presión alta. La que sirve a una delantera desconectada que entre Pombo y Vázquez se marean inventando reposicionamientos para aprovechar los pocos balones que se les asisten. Inventar el fútbol en 2018 no es camino para pobres y la segunda división y es pobreza y miseria. Miseria conceptual.

Volviendo a la actualidad. El presente del fin de semana nos dejó un partido rácano frente a un Numancia rocoso y duro que jugó con la connivencia del árbitro para imponerse a un Real Zaragoza tímido y casi infantil. Hubo ocasiones para todas las partes si bien es cierto que fue el equipo blanquillo quien empezó empujando más pero se diluyó rápido, se achicó dando un pasito atrás, lo que desconecta la medular de la delantera y parte al once en dos islas.

El banquillo lo volvió a mover el cansancio y las lesión en sustitución de la estrategia y la planificación. Iñigo Eguaras dejó su hueco a Ros que a su vez dejó el espacio a Aguirre que poco aportó  en la segunda mitad del encuentro. Peor fue ver sentado en el césped a Álvaro Vázquez en el minuto sesenta a quien sustituyó Alberto Soro que si bien siempre es una buena opción para crear juego en este caso dejó romo al equipo.

Desde el minuto sesenta se apeló a la resistencia. Cuando quedaban sólo cinco minutos para agradecer el punto a domicilio el brazo de Grippo se despistó en el área para ayudar al colegiado a señalar el punto de penalti. Viguera ejecutó.

Ejecutó a un equipo rendido al que Idiákez decidió sumar un delantero centro, Medina, a tres minutos del final.

El saldo de puntos ya no compensa. La anterior temporada la paciencia recondujo rumbos. Mañana empezamos a recalibrar la brújula. 

*Foto: Realzaragoza.com

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